Por Juan Esteban Portilla
En apenas unas semanas, Ecuador ha estado en el centro de la conversación deportiva global. Esto es emocionante y también es que el mundo se entere de noticias nuestras que sean positivas y que no tengan que ver con corrupción o narcotráfico.
Richard Carapaz lucha por el podio en el Giro de Italia. Moisés Caicedo hizo historia con el Chelsea al ganar la Conference League. Michael Morales entró al top 8 de la UFC. Y William Pacho disputará mañana la final de la Champions League con el PSG.
Este no es solo un momento de orgullo nacional. Es una ventana estratégica para reposicionar a Ecuador en el mapa internacional. Cuando los ojos del mundo miran a nuestros atletas, también están mirando indirectamente al país que los formó.
La reputación internacional de un país no se construye solo con diplomacia o acuerdos comerciales. También se nutre del talento que exporta. Y en este caso, Ecuador está exportando esfuerzo, disciplina, resiliencia y resultados.
Para un país que busca atraer inversiones, este tipo de visibilidad es invaluable. Refuerza la idea de un Ecuador capaz de competir al más alto nivel, con talento joven que llega a escenarios exigentes y los transforma.
Las marcas ya lo entienden y muchas están actuando. Pero más allá del patrocinio, este es un llamado a capitalizar un momento que genera atención global positiva.
Es momento de sumar esfuerzos entre sector público y privado para proyectar una imagen país coherente, moderna y confiable. Porque mientras nuestros atletas ganan títulos, Ecuador está ganando algo igual de valioso: confianza internacional. Y esa, bien gestionada, puede convertirse en nuevas oportunidades de negocio.