Por Redacción OnData
Resumen. Un estudio de la Universidad de Nottingham reveló que el cerebro envejeció 5,5 meses más rápido durante la pandemia, incluso sin contagio de Covid. El aislamiento y el estrés dejaron huellas en personas sanas, con mayor impacto en hombres y sectores vulnerables. El análisis usó IA y resonancias cerebrales de 996 personas. Los efectos podrían ser duraderos, aunque aún se investigan.
Durante la pandemia, incluso personas que no contrajeron el virus mostraron signos de envejecimiento cerebral acelerado. Un equipo de la Universidad de Nottingham estudió resonancias magnéticas de 996 personas sanas, comparando escáneres con al menos dos años de diferencia. Descubrieron que el cerebro de quienes vivieron la pandemia envejeció unos 5,5 meses más rápido que el de quienes fueron evaluados solo en tiempos pre-pandemia.
Este fenómeno fue más pronunciado en hombres y en personas provenientes de entornos socioeconómicos más desfavorecidos. Además, quienes sí se infectaron con SARS-CoV‑2 presentaron un deterioro cognitivo especialmente en tareas de flexibilidad mental y velocidad de procesamiento, mientras que el envejecimiento cerebral acelerado se observó incluso en quienes nunca tuvieron Covid.
La pandemia de COVID19 aceleró el envejecimiento cerebral, especialmente en hombres y en aquellos que provienen de entornos sociodemográficos desfavorecidos. https://t.co/QsIdvRJJwd pic.twitter.com/YIFJXHaChB
— Gorka Orive (@gorka_orive) July 28, 2025
Los científicos resaltan que el aislamiento, la incertidumbre y el estrés prolongado habrían dejado huellas visibles en la estructura cerebral. Aun sin infección, la experiencia emocional y social vivida durante esa época pareció influir en la salud cerebral general. El análisis fue posible gracias a modelos de inteligencia artificial entrenados con datos del Biobanco del Reino Unido, que calibraron la edad cerebral estimada frente a la edad real de los participantes.
Aunque el equipo destaca que aún deben investigarse si estos efectos son reversibles o cuánto podrían durar, reconocen que los datos ofrecen bases sólidas. Expertos independientes aconsejan interpretar con cautela estos resultados, ya que la diferencia promedio es pequeña y su impacto cotidiano aún no está del todo claro. Sin embargo, los investigadores sostienen que es clave impulsar nuevas investigaciones para proteger la salud cerebral frente a futuras crisis globales.