Por Redacción OnData
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Resumen. Desde los clásicos de los años 50 hasta los fenómenos virales de 2025, los juguetes no solo entretienen: reflejan cultura, aspiraciones y tecnología de cada época. Son objetos que conectan generaciones, despiertan nostalgia y generan un impacto económico global.
1950s-1960s: Nace la cultura del juguete
Con la prosperidad de la posguerra y la llegada de la televisión, los niños comenzaron a ser vistos como un mercado propio.
Mr. Potato Head (1952) fue el primer juguete anunciado por TV.
Barbie (1959) se convirtió en un ícono aspiracional y global, en pocos años la muñeca generó más del 40 % de las ventas de Mattel.
G.I. Joe (1964) introdujo el concepto de “muñeco de acción”.
Troll Dolls, desde Dinamarca, se vendieron por millones en EE. UU. y Europa y se convirtieron en un accesorio escolar de la suerte.
1970s: Crisis y creatividad
La escasez de plástico impulsó soluciones más ingeniosas y nuevas formas de jugar.
Playmobil destacó por su durabilidad y diseño simple.
Star Wars revolucionó el “merchandising” al demostrar que los juguetes podían superar en ingresos a las películas.
Atari 2600 llevó los videojuegos al hogar, redefiniendo el entretenimiento.
1980s: Marketing total y universos expandidos
Las caricaturas, el cine y los juguetes se fusionaron como nunca antes.
Éxitos como He-Man, Transformers, Gremlins, My Little Pony y Care Bears vendieron millones con ayuda de series animadas.
El fenómeno de Cabbage Patch Kids mostró cómo la escasez podía generar histeria colectiva en tiendas, solo en 1983 se vendieron más de 3 millones de muñecos.
1990s: Globalización, portabilidad y coleccionismo
Esta década fue testigo de la fusión entre cultura japonesa, tecnología y consumo masivo.
Pokémon se expandió a videojuegos, cartas, series y juguetes, marcando una generación.
Tamagotchi y Furby pusieron la inteligencia artificial y lo digital al alcance de los niños.
Game Boy y Beanie Babies consolidaron el juego portátil y el coleccionismo como pasatiempo y negocio.
Power Rangers: sus figuras de acción de Bandai vendieron más de 350 millones de unidades en todo el mundo durante los primeros años.
Bratz: irrumpieron con un estilo urbano y lograron vender más de 125 millones de muñecas en sus primeros cinco años, compitiendo directamente con Barbie.
2000s-2010s: Inclusión, transmedia y sostenibilidad emergente
En esta década se consolidaron cambios fundamentales que definieron el panorama actual del juguete.
LEGO se revitalizó con franquicias como Star Wars, Harry Potter y Marvel.
Funko Pop convirtió el coleccionismo adulto en cultura de masas.
Juguetes más inclusivos comenzaron a ganar terreno: muñecas con distintos tonos de piel, cuerpos diversos y temáticas de empoderamiento.
Surgió una mayor conciencia ambiental, impulsando marcas a usar materiales reciclables o biodegradables.
2020s-2025: Labubu, nostalgia viral y “hype” coleccionista
La cultura pop se reinventa combinando arte, exclusividad, redes sociales y marketing digital.
Sonny Angels, creados en Japón en los años 2000, resurgen entre 2023 y 2025 como figuras kawaii altamente deseadas. Su estética minimalista los convierte en objetos populares de colección en TikTok e Instagram.
Hello Kitty y Pokémon volvieron a escena con fuerza gracias a colaboraciones con McDonald’s.
Labubu, creado en 2015 por el artista hongkonés Kasing Lung, saltó a la fama global tras una colaboración con Pop Mart y un “boom” viral en TikTok en donde hay más de 1,7 millones de videos con el hashtag #Labubu, viralizando unboxings, colecciones y moda.
Además, Pop Mart registró un crecimiento colosal: en el primer semestre de 2025, sus ingresos superaron los $1.932 millones de dólares, mientras que sus beneficios llegaron a $637 millones de dólares, con un salto del 396 % en ganancias y 204 % en facturación.
La escasez intencional, las “blind boxes” y colaboraciones con marcas como Coca-Cola, One Piece, Louis Vuitton y museos como el Louvre, posicionaron a Labubu como símbolo de estatus y objeto de deseo global.
¿Por qué los juguetes marcan generaciones?
Lo que une a todos estos fenómenos, no es solo la novedad del juguete en sí, sino su capacidad de conectar con la cultura, la tecnología y la aspiración social de cada época. No se trata únicamente de niños jugando: estos productos capturan la imaginación de adolescentes y jóvenes adultos, que los consumen como símbolos de identidad, nostalgia o estatus.
Los juguetes que dejan huella tienen siempre un componente de innovación o transmedia: Barbie y G.I. Joe dominaron con televisión y merchandising; Pokémon y Tamagotchi fusionaron videojuegos, series y cartas; los Labubus combinan diseño, exclusividad, redes sociales y colaboraciones con marcas de lujo como Coca-Cola o ediciones para museos. Se convierten en objetos de deseo que trascienden la infancia, entrando en la moda, el arte y la cultura pop.
Además, estos fenómenos generan mercados secundarios de coleccionismo y especulación, donde algunas piezas se venden por decenas de miles de dólares, demostrando que un juguete puede ser también una inversión y un activo cultural. En este sentido, los Labubus son solo la versión contemporánea de un patrón histórico: cuando un producto logra viralidad, exclusividad y narrativa, se convierte en un ícono que define generaciones, une públicos y mueve economías enteras.
En pocas palabras, los juguetes que marcan generaciones no son simples objetos; son puentes entre creatividad, cultura y consumo, y muestran cómo cada época encuentra en la infancia y en la nostalgia una forma de expresar tendencias, valores y aspiraciones.
Conclusión
Desde los años 90, con el auge de los Tamagotchis, hasta el fenómeno de los Labubus en 2025, los juguetes coleccionables han evolucionado de simples objetos de entretenimiento a activos culturales y económicos de gran impacto. En 2025, Pop Mart, la empresa detrás de los Labubus, proyecta ingresos de hasta 30.000 millones de yuanes (aproximadamente $4.180 millones de dólares), con un crecimiento del 400 % en sus ganancias impulsado por la popularidad de estos muñecos .
El mercado de los juguetes coleccionables ha alcanzado hitos impresionantes: subastas, colaboraciones y reconocimiento global.
Este fenómeno refleja una tendencia más amplia en la que los juguetes coleccionables trascienden su función original, convirtiéndose en símbolos de estatus, nostalgia y pertenencia. La combinación de diseño atractivo, exclusividad y estrategias de marketing digital ha permitido que estos productos conecten con audiencias de diversas edades, desde niños hasta adultos jóvenes, consolidándose como una parte integral de la cultura pop contemporánea.