Por Redacción OnData
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En el episodio #185 de OnData Talks analizamos uno de los giros más importantes en la historia reciente de la tecnología: por qué ChatGPT y OpenAI no pueden sostener su operación únicamente con suscripciones y por qué la publicidad comienza a perfilarse como la nueva palanca de escala, junto con los riesgos que esto implica para usuarios, reguladores y el futuro de la IA.
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ChatGPT y el problema de escala
OpenAI nació como una organización sin fines de lucro, pero el crecimiento de ChatGPT cambió por completo la magnitud del desafío. Alcanzó 100 millones de usuarios en tiempo récord y hoy suma cientos de millones de usuarios activos semanales.
Cada consulta a la IA implica costos muy altos en infraestructura, cómputo y energía. El resultado es un servicio masivo, pero extremadamente costoso de operar. Los ingresos por suscripciones no alcanzan para cubrir esa escala, incluso con el respaldo de Microsoft.
A diferencia de Google, Meta, Amazon o Apple, OpenAI no tiene otro gran negocio que financie su IA. Primero construyó la tecnología, y después tuvo que resolver cómo sostenerla.
El giro estratégico: entra la publicidad
Ante esta presión, OpenAI empieza a incorporar publicidad en ChatGPT, especialmente para monetizar a los usuarios gratuitos, que son la mayoría.
Esto marca un cambio importante frente a posturas anteriores de la compañía. La lógica es clara: millones de usuarios que no pagan generan costos constantes, y la publicidad se convierte en la vía más directa para transformar uso en ingresos.
Los primeros despliegues se enfocan en ciertos mercados y versiones gratuitas, abriendo la puerta a un modelo mixto entre suscripción y anuncios
La publicidad como palanca de escala (y sus riesgos)
El punto crítico es que ChatGPT no es una red social tradicional. Aquí las personas comparten dudas personales, problemas laborales, decisiones financieras e información sensible.
Este punto ha sido advertido por analistas como Santiago Bilinkis, quien sostiene que el verdadero activo de plataformas como ChatGPT no es solo su utilidad, sino el nivel de conocimiento íntimo que pueden acumular sobre los usuarios: preocupaciones, intereses, inseguridades y procesos de decisión. En ese contexto, la publicidad podría volverse extremadamente efectiva, pero también mucho más invasiva que en redes sociales tradicionales.
Además, en el podcast Hard Fork de The New York Times se revelaron prototipos de formatos publicitarios que OpenAI ha explorado, como banners complementarios al final de una respuesta y widgets conversacionales donde el usuario puede interactuar con una marca dentro del flujo del chat. Aunque la empresa ha señalado que los anunciantes no influirían en las respuestas de la IA, estos formatos muestran cómo la publicidad podría integrarse de manera cada vez más orgánica en la experiencia.
La nueva experiencia del usuario: utilidad vs. influencia
La llegada de anuncios cambia la relación con la herramienta. Existe el riesgo de que, con el tiempo, el producto no solo se optimice para dar mejores respuestas, sino también para aumentar interacción y exposición a publicidad.
La preocupación central es que, si el modelo de ingresos depende de maximizar interacción publicitaria, la optimización del sistema podría inclinarse progresivamente hacia el “enganche” del usuario y no únicamente hacia la calidad o neutralidad de las respuestas, una tensión que ya se ha visto antes en buscadores y redes sociales.
También podría generarse una brecha clara: usuarios de pago con experiencia limpia y usuarios gratuitos con una experiencia más cargada de anuncios.
La gran pregunta es si una IA financiada por publicidad puede mantenerse totalmente neutral, cuando su modelo económico depende de influir, en cierta medida, en el comportamiento del usuario.
¿Qué podemos destacar?
El caso de ChatGPT muestra que el gran desafío de la inteligencia artificial no es solo tecnológico, sino económico. Modelos cada vez más avanzados requieren inversiones gigantescas, y las suscripciones por sí solas no bastan para sostener esa escala.
La publicidad aparece como el motor que puede financiar el crecimiento, pero también como el factor que puede transformar profundamente la experiencia, la confianza y la neutralidad de la IA. El futuro de estas herramientas dependerá de cómo se equilibre esa tensión entre utilidad, negocio e influencia.