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Cirkula: Una app contra el desperdicio de alimentos

Por Redacción OnData

Tiempo de lectura: 3 minutos.

Resumen. Hablamos con Michelle Gomberoff, cofundadora y CEO de Cirkula, sobre cómo la app transforma excedentes de comida en oportunidades para negocios y consumidores. Explica por qué Ecuador se volvió un mercado clave, retos tecnológicos, adopción del modelo y cómo la sostenibilidad puede ser rentable sin perder impacto social.

Michelle, cuéntanos sobre tu trayectoria y el camino que te llevó a crear Cirkula. ¿Cuál fue el momento clave que te inspiró a emprender en esta dirección?

En 2019 estaba haciendo un intercambio en Australia y fue ahí donde todo cambió. Conocí un modelo de aplicación que rescataba comida que no se vendía durante el día, y esa idea me quedó dando vueltas. Veía cómo funcionaba, cómo alineaba impacto con sostenibilidad financiera, y pensé: “esto podría transformar la región si se adapta bien”. Le conté la idea a Jimmy, mi esposo y hoy mi socio, y nos pusimos a investigar a fondo. Ambos veníamos de trabajar en startups, ya conocíamos el ritmo y la dinámica, así que cuando regresé decidimos lanzarnos y crear nuestra propia versión del modelo.

Jimmy Baudts Jabiles y Michelle Gomberoff, fundadores de Cirkula. Fuente: Cortesía.

¿Cuál fue la principal motivación para desarrollar una app que aborda un problema global como el desperdicio de alimentos?

Como peruanos y latinoamericanos, siempre hemos estado orgullosos de nuestra gastronomía. Crecimos valorando la comida, la cocina local y todo lo que representa culturalmente. Por eso, cuando empezamos a investigar el tema, nos sorprendió descubrir que detrás de esa riqueza había también un problema enorme y silencioso: toneladas de alimentos en perfecto estado terminaban en la basura todos los días.

Fuente: Cortesía.

Ahí entendimos que había una desconexión entre el orgullo gastronómico y la realidad del desperdicio. Y también vimos una oportunidad: con tecnología podíamos crear una solución simple, accesible y adaptada a nuestra región.

¿Cómo surgió la oportunidad de lanzar Cirkula en Ecuador y qué indicadores vieron para considerar que había potencial en este mercado?

Fue la combinación de varios factores que se alinearon en el momento correcto. Por un lado, Lima ya había entrado en una etapa de crecimiento sostenido: más de 400.000 descargas, 800 establecimientos y un modelo probado que se estaba consolidando. Eso nos permitió mirar hacia afuera con más seguridad.

En paralelo, habíamos empezado a construir relaciones estratégicas con mentores, emprendedores e inversionistas ecuatorianos, incluso antes de abrir operaciones. Ese acercamiento temprano nos permitió entender el mercado desde adentro y confirmar que existía interés real en una solución como Cirkula. De hecho, parte de la inversión para la expansión a Quito proviene justamente de actores locales, lo que fue una señal clara de confianza en el proyecto.

¿Cómo funciona Cirkula, tanto para el usuario como para los negocios aliados? ¿Qué tipo de establecimientos forman parte de la plataforma actualmente?

Para los usuarios, la experiencia es muy simple: abren la app, ven ofertas de comida en perfecto estado con descuentos desde el 40%, eligen lo que quieren, pagan desde su celular y recogen directamente en el local. No es delivery; es un modelo pensado para que el usuario obtenga un buen precio y, al mismo tiempo, contribuya a evitar el desperdicio.

Para los negocios, Cirkula es una herramienta para monetizar su excedente diario. Los aliados publican los productos que no se vendieron durante el día pero que siguen siendo aptos para el consumo, y los convierten en un ingreso adicional que antes no existía. Además, reducen mermas, liberan espacio, atraen nuevos clientes y suman un componente de sostenibilidad a su operación. En Quito tenemos marcas como: Pacari, Dunkin’ Donuts, Cassolette y Pollos de la Kennedy.

En un país donde el desperdicio de alimentos es un desafío, ¿tienen cifras estimadas de cuánta comida se pierde anualmente y cómo contribuye Cirkula a reducir ese impacto?

El problema del desperdicio de alimentos es enorme a nivel global y también muy fuerte en la región. Según el Índice de Desperdicio de Alimentos de la ONU, más de 1.000 millones de toneladas de comida apta para el consumo terminan en la basura cada año. Y en Ecuador, las cifras son igualmente críticas: se desperdician más de 900.000 toneladas anuales, y solo en Quito se pierden más de 4.000 toneladas de alimentos al año.

Cirkula contribuye reduciendo ese impacto de manera directa. Cada oferta publicada y vendida evita que productos en perfecto estado terminen desechándose. Al permitir que restaurantes, panaderías, cafeterías, tiendas y distribuidores vendan su excedente diario con descuento, transformamos alimentos que antes se perdían en ventas reales para los negocios y en comida accesible para las personas.

¿Cómo ha sido la recepción por parte de restaurantes y usuarios desde su lanzamiento?

En Ecuador, en los primeros meses logramos +40 mil descargas y +100 de aliados afiliados, lo que confirmó que los negocios ven valor en monetizar su excedente y que los usuarios están abiertos a un modelo donde pueden comer bien a un precio más accesible. Muchos comercios destacan que reducen pérdidas y atraen nuevos clientes, y los usuarios aprecian que es una forma sencilla de ahorrar mientras generan impacto positivo.

Foto: Cortesía.

¿Qué estrategias implementaron para posicionarse en el mercado ecuatoriano?

Nuestra estrategia en Ecuador tuvo tres pilares. Primero, educación y comunicación clara: sabíamos que era un modelo nuevo para muchos, por lo que explicamos desde el día uno cómo funciona, por qué no es “beneficencia” y cómo los negocios pueden convertir su excedente en ingresos reales. Este enfoque ayudó a generar confianza y a romper la idea de que un producto con descuento es de menor calidad.

Segundo, apostamos por alianzas locales desde el inicio. Antes incluso de llegar a Quito ya teníamos relación con mentores e inversionistas ecuatorianos, y eso nos permitió entrar al mercado con el respaldo del propio ecosistema. También sumamos rápidamente a marcas reconocidas y negocios de barrio, lo que dio visibilidad y validación al modelo.

Y tercero, trabajamos una estrategia fuerte en presencia digital y prensa, mostrando casos reales, impacto y experiencias de usuarios. Esto ayudó a que, en poco tiempo, miles de personas descargaran la app y que decenas de establecimientos se animaran a unirse.

¿Qué han aprendido sobre los hábitos de consumo y la conciencia ambiental del público ecuatoriano a partir de esta experiencia?

Hemos aprendido que el consumidor ecuatoriano, especialmente el público joven, es muy receptivo a soluciones que combinan ahorro, conveniencia e impacto ambiental. Existe una conciencia creciente sobre el desperdicio de alimentos y una disposición real a apoyar modelos que evitan que comida en perfecto estado termine en la basura.

¿Qué retos tecnológicos han enfrentado y cómo han adaptado la app a las necesidades locales?

El principal reto fue adaptar la app a la realidad ecuatoriana en detalles que parecen pequeños, pero cambian toda la experiencia. Tuvimos que dolarizar la plataforma, ajustar precios y métodos de pago; adaptar el lenguaje y la comunicación para que los mensajes fueran naturales para el usuario local; y hasta modificar cómo se guardan y se escriben las direcciones, porque la estructura de calles y la forma de buscarlas no funciona igual que en Lima.

¿Qué estrategias han implementado para conectar sostenibilidad con rentabilidad y lograr que los negocios vean a Cirkula como una oportunidad y no como un costo?

Nos enfocamos en algo simple: que el negocio gane desde el primer día. Les mostramos que el excedente puede convertirse en ingresos inmediatos y que publicar toma solo unos minutos. No hay costos fijos, no hay complicaciones.

También trabajamos mucho en explicar el modelo de forma clara y cercana, para que entiendan que no es “remate” ni “donación”: es vender productos en perfecto estado que no se movieron durante el día.

Y, sobre todo, demostramos impacto. Los negocios reducen merma, ganan clientes nuevos y suman un mensaje ambiental que hoy es clave para su marca. Cuando ven que funciona y que les deja dinero, entienden que Cirkula es una oportunidad real, no un gasto.

Para cerrar, ¿qué mensaje le dejarías a quienes buscan emprender con impacto social y ambiental a través de la tecnología?

Que se lancen, pero con los pies en la tierra. El impacto no nace de grandes discursos, sino de resolver un problema real y entender al usuario de verdad. Si algo aprendimos es que la tecnología es solo el medio; lo importante es crear soluciones que la gente quiera usar y que generen valor desde el día uno.

Y lo más importante: empezar pequeño, probar, equivocarse rápido y escuchar al mercado. Cuando el propósito es claro y la ejecución es constante, el impacto llega solo.

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