Por Redacción OnData
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Resumen. El tomatodo, ese recipiente reutilizable para transportar bebidas, ha sufrido una transformación notable en las últimas décadas: de utilitario simple y funcional a un elemento de estilo de vida, estatus y consumo masivo. Este artículo analiza su evolución histórica, las marcas que marcaron hitos, los materiales que lo han hecho posible y cómo llegó a ser un fenómeno cultural, especialmente impulsado por redes sociales.
Los orígenes: del laboratorio al almuerzo de trabajo
El tomatodo moderno tiene su origen en el “vacuum flask” o termo de doble pared al vacío, inventado en 1892 por el físico escocés James Dewar. Este diseño consistía en un envase de vidrio dentro de otro, con el aire entre ellos evacuado para lograr un aislamiento térmico eficiente, permitiendo conservar líquidos calientes o fríos por más tiempo.
En 1904, el alemán Reinhold Burger patentó un recipiente doméstico basado en este principio, con carcasa metálica, bajo la marca Thermos. Esta fue la primera marca reconocida del tomatodo moderno, combinando vidrio en el interior con protección metálica, y más adelante, materiales completamente metálicos. El éxito fue tal que la marca Thermos acabó convirtiéndose en un término genérico para este tipo de envase.
En 1913, William Stanley Jr. revolucionó el diseño al patentar el primer termo completamente de acero, eliminando el frágil vidrio interior. Así, la evolución del tomatodo pasó del vidrio al metal, y finalmente al acero inoxidable de doble pared con vacío, un cambio clave para su resistencia y eficiencia térmica.
Popularización masiva
Durante gran parte del siglo XX, los tomatodos fueron usados en contextos prácticos: trabajo, escuela, excursiones. Pero entre 2010 y 2020 se produjo un cambio clave: el tomatodo empezó a verse como parte del estilo de vida saludable y visible en redes sociales. Según la consultora WGSN, las botellas de agua comenzaron a marcar tendencia como objetos de estilo ya desde 2011.
Marcas líderes: funcionalidad, diseño y tendencia
El auge del tomatodo ha dado lugar a un mercado dinámico y competitivo, donde distintas marcas han sabido destacar según el público objetivo, el uso o el estilo. Estas son algunas de las más influyentes a nivel global:
Stanley: protagonista del fenómeno viral gracias a su durabilidad, estética funcional y el éxito masivo del modelo Quencher, convertido en ícono de estilo de vida.
Owala: reconocida por su diseño innovador en tapas, facilidad de uso y fuerte presencia en redes sociales; especialmente popular entre usuarios jóvenes.
Yeti: posicionada en el segmento premium, es sinónimo de durabilidad extrema y branding outdoor, con productos pensados para condiciones exigentes.
Hydro Flask: pionera en combinar colores vibrantes con diseño minimalista; muy valorada por su rendimiento térmico y su vínculo con el público joven y activo.
Nalgene: clásica entre senderistas y amantes del outdoor, destaca por su resistencia, ligereza y enfoque en la reutilización sostenible.
CamelBak: marca líder en hidratación deportiva, reconocida por sus sistemas de bebida integrados y soluciones prácticas para actividades al aire libre.
Caso de estudio: el auge de Stanley
Stanley, fundada en 1913 con la invención de la botella de vacío de acero por William Stanley Jr., fue durante décadas una marca asociada a trabajos duros y actividades al aire libre, sin enfoque en la moda. Sin embargo, entre 2019 y 2023 experimentó un crecimiento explosivo, pasando de $70 a $750 millones de dólares en ventas.
Este auge se debió principalmente al modelo Quencher, que se popularizó gracias a TikTok, donde hashtags como #StanleyCup acumularon miles de millones de vistas. Un video viral donde una botella sobrevivía a un incendio reforzó su imagen de durabilidad.
@danimarielettering Thirsty after you catch on fire? @Stanley 1913 is like no problem i gotchu #fyp #carfire #accident #stanleycup ♬ original sound - Danielle
El éxito también se explicó por su rediseño: colores atractivos, funcionalidad pensada para el día a día (como caber en portavasos de auto) y conexión con tendencias de bienestar. La botella pasó de ser un objeto utilitario a convertirse en un símbolo de estilo de vida saludable, especialmente entre mujeres jóvenes e influencers.
Redes sociales y cultura del wellness
El auge del tomatodo también se explica por cambios culturales más amplios:
Wellness y hábitos saludables: Hidratarse se convirtió en una señal de autocuidado.
Estética y visibilidad: El tomatodo como accesorio visible en el gimnasio, oficina o auto.
Personalización: Stickers, charms y colores personalizados lo hacen parte del “look”.
Contenido digital: Hashtags como #StanleyCup o #WaterTok generaron billones de vistas.
La botella ya no solo sirve para beber agua: representa una identidad.
Expansión en Latinoamérica y colaboraciones
El fenómeno cruzó fronteras rápidamente. En Latinoamérica, la tendencia se ha adaptado con éxito:
Starbucks colaboró con Stanley y con artistas como Manuela Guillén para lanzar ediciones exclusivas.
Juan Valdez y Sweet & Coffee en Ecuador ofrecen tomatodos personalizados y sostenibles.
Marcas locales emergen con propuestas eco-friendly y diseños únicos.
El tomatodo ya no es solo funcional: ahora es branding, merchandising y colección.
Factores estructurales del auge
Varios elementos explican el crecimiento sostenido de esta categoría:
Sostenibilidad: Reacción contra el plástico de un solo uso.
Diseño atractivo y personalizable: Variedad de tapas, colores, accesorios.
Redes sociales: Viralidad, FOMO, “colecciones de botellas”.
Marketing inteligente: Colaboraciones, ediciones limitadas, presencia en retail.
Aspiracional pero accesible: Aunque premium, es un objeto deseado por muchos.
Conclusión
El tomatodo ha evolucionado de simple recipiente a objeto cultural. Hoy representa bienestar, estilo, sostenibilidad y autoexpresión. Es una metáfora del consumo actual: los objetos no solo deben cumplir una función, sino también decir algo sobre quiénes somos.
La historia de Stanley lo demuestra: una marca centenaria que supo leer los signos del presente, rediseñarse y conectar con nuevas generaciones. En Ecuador y Latinoamérica, el fenómeno continúa creciendo, aunque el reto será trascender la moda y consolidar un hábito sostenible y consciente.