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Fernanda Vásconez y un sueño que rompió barreras: Club Ñañas

Por Redacción OnData

Tiempo de lectura: 3 minutos.

Resumen. Fernanda Vásconez fundó el Club Ñañas en 2016 con una misión clara: profesionalizar el fútbol femenino y dar oportunidades reales a niñas y jóvenes en Ecuador. Inspirada por su experiencia en el deporte y motivada por el vacío institucional, creó un modelo que combina alto rendimiento, educación y desarrollo social. Su visión transformadora sigue marcando la diferencia.

¿Cómo se construyó tu camino dentro y fuera de la cancha? ¿Qué momentos definieron tu transición de jugadora a fundadora y gestora de un club profesional?

Yo empecé a jugar fútbol y me enamoré del deporte por los valores que transmite y por lo que genera en el país. Recuerdo que una de las cosas que me impactó fue cuando la selección masculina de Ecuador clasificó por primera vez a un Mundial. Todo el país se paralizó. Caminaba con mi mamá y la gente se saludaba en la calle; era un ambiente que nunca había vivido. Le pregunté: “¿Qué está pasando?” y me dijo: “Ecuador clasificó al Mundial”. Me impresionó tanto que pensé: “¿Qué puede ser tan grande que haga que un país se una así?”. Desde ahí nació mi sueño: darle esa alegría al país y llegar a la selección.

Fuente: El Comercio.

A medida que fui creciendo y formando parte de selecciones provinciales y nacionales, noté una diferencia abismal entre lo que vivía una futbolista mujer y un hombre. En mi primera participación internacional con la selección sentí una mezcla de cumplir un sueño, pero también de darme cuenta de que no había futuro en el fútbol femenino. No se cubrían ni siquiera las necesidades básicas. Esto fue hace unos 24 años. Luego tuve la oportunidad de jugar en Suiza y ver lo que era un fútbol femenino profesional. Me di cuenta de que sí se podía hacer algo así en Ecuador.

Siempre he tenido una visión orientada a la gestión. Provengo de una familia de emprendedores, así que mientras era jugadora ya pensaba en cómo podrían mejorar muchas cosas. En 2015 fundé el Club Ñañas. Aunque oficialmente abrimos las puertas en 2016, todo el proceso inició el año anterior. Yo seguía siendo jugadora en ese momento; me retiré oficialmente en 2022. Pero desde 2015 ya hacía doble rol como jugadora y gestora. Incluso antes, cuando entré a la universidad en 2010, fui la primera en recibir una beca por fútbol femenino, y ayudé a crear un equipo dentro de la universidad. Siempre estuve en ambos roles.

Club Ñañas no nació de una estructura tradicional, sino desde una visión. ¿Cómo pasaste de la idea al modelo real?

Ñañas nace de una necesidad que viví como jugadora. No se cubrían nuestras necesidades y, cuando algún equipo lo hacía, era insostenible y desaparecía al poco tiempo. Todo salía del bolsillo de una persona y cuando ese bolsillo se agotaba, el club también.

Los equipos campeones desaparecían al año siguiente, y las jugadoras quedaban sin espacio. La realidad es muy distinta de lo que uno imagina al principio. Aunque muchas cosas sí se lograron según lo planificado, surgieron obstáculos, cambios de contexto e incluso la profesionalización inesperada del fútbol femenino en 2019.

Fuente: Cortesía.

Cuando eso sucedió, muchos clubes masculinos que nunca habían tenido fútbol femenino entraron al torneo, y los que sí existían no fueron contemplados. Tuvimos que cambiar incluso la ley en la Asamblea Nacional para que los clubes femeninos pudieran participar. Fue una locura, pero se logró.

El modelo de autogestión tuvo que adaptarse: al contexto país, a la pandemia, a las necesidades de las empresas. Trabajamos con tres tipos de “clientes”: las jugadoras, el público y las empresas patrocinadoras. El modelo nunca es estático, hay que innovar constantemente.

¿Qué te hizo creer que sí era posible crear un club femenino profesional en Ecuador?

El proceso de darme cuenta que sí era posible vino de todo lo que viví como futbolista. Pero el punto de quiebre fue cuando jugué en Suiza. Ver el fútbol profesional allá me dio las ganas de aplicar ese modelo aquí.

Consolidar un proyecto como Ñañas implica romper más de una barrera. ¿Cuáles fueron los primeros grandes obstáculos que enfrentaste y cómo los superaste?

Primero, están los paradigmas sociales. Crecí escuchando frases como: “lo haces mal, lo haces como mujer”, lo que deja una huella mental de que ser mujer implica no poder hacer las cosas bien. Luego, al querer ser dirigente, la pregunta era: “¿Quién te va a hacer caso? Eres mujer y joven”. Incluso personas cercanas me decían que no me metiera en eso. Esa fue la primera gran barrera: la mental.

La segunda fue la social. Una cosa es que yo crea en mí, otra es lograr que la sociedad crea en el fútbol femenino. Me di cuenta de que debía visibilizarse. Nadie puede ser hincha de lo que no conoce. En 2018, logramos la primera transmisión televisiva con Ecuador TV. Ese partido tuvo el rating más alto del año en ese canal, y después de eso se comenzaron a vender derechos televisivos.

La tercera barrera fue la legal. En 2019, al iniciar la Superliga Femenina, los estatutos de la Federación no permitían que clubes femeninos fueran parte. Tuvimos que gestionar un cambio de estatutos para que clubes como Ñañas pudieran participar.

Dirigir un club profesional requiere visión empresarial. ¿Qué decisiones estratégicas marcaron un antes y un después en la evolución del club?

Desde el inicio, el nombre, el concepto y la visión fueron estratégicos. Ñañas busca proyectar el fútbol femenino no solo a nivel nacional, sino internacional. Nuestra misión está vinculada al empoderamiento femenino más allá del deporte, y eso ha sido clave en el crecimiento del club.

¿Has notado una evolución real en el número y nivel de mujeres futbolistas en el país en los últimos 10 años?

Sí, totalmente. Dos clasificaciones consecutivas al Mundial Sub-17, más torneos, mejores condiciones para jugadoras en colegios y en la selección. Desde 2018, con la Superliga Femenina y la transmisión televisiva, el cambio ha sido enorme. El primer torneo nacional fue en 2013. Han pasado 12 años, y la evolución ha sido brutal.

Club Ñañas, campeonas de la Superliga Femenina 2022.

El fútbol femenino ha avanzado, pero aún convive con brechas de inversión, visibilidad y respaldo. ¿Dónde crees que está el cuello de botella real: cultura, financiamiento, medios o gestión?

Creo que no hay un cuello de botella específico. El crecimiento ha sido exponencial, pero el fútbol masculino tiene décadas de ventaja. Compararlos no tiene sentido. El fútbol femenino es el deporte de mayor crecimiento a nivel mundial.

Muchos países han convertido el fútbol femenino en una industria rentable. ¿Por qué crees que en Ecuador aún no ocurre lo mismo y qué tendría que pasar para que eso cambie?

La rentabilidad depende de cómo se gestiona. Varios clubes masculinos grandes están en crisis. El problema no es el género, sino el manejo. En el caso del fútbol femenino, las exigencias regulatorias fueron muy altas desde el inicio, casi al nivel del fútbol masculino, pero sin los ingresos. Por ejemplo, los derechos televisivos son de $20,000 frente a los $700,000 de la Serie B masculina. No es sostenible con esas condiciones. Deberíamos enfocarnos más en lo que está bien, en vez de compararlo todo el tiempo con el fútbol masculino.

Además del deporte, Ñañas también trabaja por la equidad, los derechos y el liderazgo femenino. ¿Cómo manejas ese doble rol social y deportivo sin perder foco estratégico?

No es que tengamos un doble rol. Nuestro enfoque principal es generar impacto social a través del fútbol. Creemos que es la mejor herramienta para comunicar y transformar. El 7 de marzo de 2019 se estableció como el Día Nacional del Fútbol Femenino, y en 2021 la Conmebol lo convirtió en el Día Sudamericano del Fútbol Femenino. Presentamos una ley en la Asamblea Nacional para desarrollar el deporte femenino en general, inspirados en modelos como el de Francia, donde fomentar el fútbol femenino ayudó a dinamizar la economía. El fútbol mueve industrias enteras: hospedaje, alimentación, transporte, salud. El punto fundamental es la visibilidad mediática. Sin eso, no hay hinchas. Y sin hinchas, no hay sostenibilidad.

En 2019 se declaró el 7 de marzo como el Día Nacional del Fútbol Femenino. ¿Qué impacto tuvo esta fecha en la visibilidad y la inclusión legal de los clubes femeninos en Ecuador?

En 2019, con voto unánime de la Asamblea Nacional, se declaró el 7 de marzo como el Día Nacional del Fútbol Femenino. No estábamos aceptadas legalmente para participar en la Superliga. Este día visibilizó a los más de 38 clubes femeninos que existían en ese momento. Antes de eso, ningún club masculino tenía jugadoras. Gracias a esta visibilización y al trabajo de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, se cambiaron los estatutos y ahora coexisten clubes masculinos con categorías femeninas, y clubes exclusivamente femeninos. Eso no ocurre en todos los países.

Finalmente, si mañana se te acercara una joven con ganas de emprender en el deporte, ¿qué le dirías que ninguna conferencia, libro o seminario le va a enseñar?

Le diría que trabaje en sí misma. Detrás de una idea está la persona que la sostiene. Ninguna idea sobrevive sin alguien que la defienda, la cuide, la alimente. Emprender es como tener un bebé: cuando se enferma, haces todo para salvarlo. Hay que aprender a mantenerse en los momentos difíciles, a crear en tiempos de crisis. El fútbol femenino en Ecuador no existía como industria, y nosotros no solo emprendimos en ella, tuvimos que abrir esa industria. Todo el enfoque suele estar en qué hacer con el emprendimiento, pero nadie te enseña cómo sostenerte tú misma en medio del caos.

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