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Jhoanna Rosales y su liderazgo en la gestión ambiental

Por Redacción OnData

Tiempo de lectura: 3 minutos.

Resumen. Conversamos con Jhoanna Rosales, CEO de Vertmonde, sobre su camino hacia la sostenibilidad y los desafíos de emprender con propósito. Explica cómo la empresa se convirtió en referente en gestión de residuos electrónicos, el proceso de recolección y tratamiento, el impacto generado, la importancia del liderazgo femenino y la visión hacia una economía circular en Ecuador.

Jhoanna, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Cómo comenzó tu camino profesional y qué te llevó a involucrarte en temas de sostenibilidad y gestión ambiental?

Desde pequeña me interesé mucho en animales y plantas. Cuando crecí tuve que decidir estudiar entre la ecología y la ingeniería ambiental, y me decidí por la 2da porque pensé que tenía un alcance más amplio. Al casi terminar la carrera pude hacer una pasantía en el relleno sanitario de Quito y entender cómo funciona el sistema de recolección y manejo de basura de una ciudad. Entonces decidí que ese era el campo de acción desde donde quería generar impacto, desde la gestión de residuos sólidos; que es una tarea invisible, nadie lo nota, a excepción de cuando existe una crisis sanitaria y la basura se empieza a acumular. Pero es uno de las temas más neurálgicos en la gestión de cualquier ciudad y asentamiento urbano 

¿En qué momento surge la idea de crear Vertmonde y cuál fue la motivación principal para convertirla en una empresa?

En esta primera pasantía también pude evidenciar la cantidad y tipos de residuos que se generan en la ciudad y que deben ser recolectados y procesados. Los residuos electrónicos en ese momento se generaban ya, pero nadie hablaba de ellos, nadie sabía que existían, simplemente la gente cualquier cosa electrónica botaba a la basura, en alguna quebrada, en algunos sitios de la ciudad. Empecé a investigar y descubrí que los residuos electrónicos ya eran una gran problemática a nivel mundial, con los famosos basureros de electrónicos en Ghana, en India y en China. 

Así surgió la idea de montar una planta de reciclaje técnico, responsable; para evitar que lo que estaba pasando a nivel mundial pase también en Ecuador.

Emprender con propósito no es sencillo. ¿Qué aprendizajes personales te ha dejado liderar una organización que busca generar impacto ambiental y social al mismo tiempo?

Es sumamente difícil convencer a las personas de algo que es invisible, de beneficios que no son tangibles inmediatamente, de daños ambientales que no los vemos a la vuelta de la esquina. Es muy difícil también crear una necesidad y convencer a las personas de que es algo importante y necesario, porque finalmente los residuos electrónicos se botan en cualquier lado; entonces darles un tratamiento técnico y responsable no es una necesidad real de las personas ni de las empresas. Los proyectos de triple impacto tienen una complejidad entonces de suplir una necesidad que no existe, convencer de que existen mejores formas de hacer las cosas, y convencerlos de que las actividades que están haciendo al momento en realidad tienen impactos negativos aunque no lo vean. 

Desde tu experiencia, ¿qué papel juega el liderazgo femenino en el impulso de negocios sostenibles y en la transformación de la cultura empresarial hacia la responsabilidad ambiental?

Juega un papel fundamental. El liderazgo femenino, sobre todo cuando es consciente y se atreve a ser distinto, aporta visión sistémica, escucha activa, sensibilidad ética y capacidad de sostener procesos de largo plazo. Todo eso es esencial en la sostenibilidad.

Equipo Vertmonde.

En Vertmonde, muchas de las decisiones clave han sido tomadas por mujeres. Y no porque busquemos cuotas, sino porque creemos en una forma de liderazgo que no solo gestiona, sino que cuida, que conecta, que transforma desde lo cotidiano. Cambiar la cultura empresarial requiere otra mirada, y las mujeres tenemos muchísimo que aportar en ese cambio.

Vertmonde ha logrado posicionarse como un referente en gestión de residuos electrónicos. ¿Cómo fue ese proceso de crecimiento y qué tipo de empresas se han sumado a esta iniciativa?

El crecimiento ha sido orgánico pero muy estratégico. Empezamos con una propuesta técnica sólida, pero sabíamos que la diferencia estaría en la confianza. Nos enfocamos en construir relaciones, no solo clientes. En generar evidencia, no solo promesas. En educar, no solo recoger residuos.

Hoy trabajamos con empresas de todos los tamaños, organismos internacionales, instituciones educativas y organismos del Estado. Lo interesante es que cada vez más actores se dan cuenta de que el reciclaje de e-waste no es un tema operativo, sino estratégico: reputación, cumplimiento, impacto, incluso ahorro.

¿Podrías contarnos cómo funciona el proceso de recolección y tratamiento de e-waste que realizan? ¿Qué sucede con los materiales una vez que son gestionados por Vertmonde?

Todo inicia con un proceso de diagnóstico y planificación con el cliente. Establecemos rutas, tipos de residuos, volúmenes, riesgos asociados. Luego hacemos la recolección técnica en sitio, con trazabilidad desde el minuto uno. En nuestra planta clasificamos, desensamblamos, descontaminamos y separamos materiales para valorización.

Los materiales se canalizan exclusivamente a operadores certificados nacionales e internacionales, dependiendo de su tipo y peligrosidad. Nada se pierde, nada se improvisa. Y todo queda respaldado por certificados, reportes y trazabilidad abierta.

En un país donde todavía falta educación ambiental, ¿cómo logran concientizar a las empresas y al público sobre la importancia de manejar correctamente los residuos tecnológicos?

Educando con hechos, no solo con palabras. A través de nuestra plataforma: Ecuador Libre de E-Waste, realizamos campañas, talleres, contenido digital, alianzas con escuelas, empresas y gobiernos locales. Hacemos visible lo invisible: el celular olvidado, la batería peligrosa, el tóxico que nadie ve.

También trabajamos desde la confianza: mostramos cómo se recicla, a dónde va el material, por qué es importante que el proceso sea técnico y no informal. La gente responde cuando ve que hay coherencia. Y ahí está nuestra mayor apuesta: en cambiar la cultura desde la verdad y desde el ejemplo.

¿Qué impacto concreto han visto hasta ahora en la reducción de desechos electrónicos o en la transformación de hábitos dentro de las organizaciones que colaboran con ustedes?

Lo que más nos enorgullece es ver cómo las organizaciones pasan del “hacer por cumplir” al “hacer con convicción”. Empresas que antes veían el reciclaje como un trámite, ahora lo ven como parte de su política de sostenibilidad. Instituciones públicas que antes acumulaban residuos por años, ahora se convierten en aliadas activas de campañas de recolección.

Hemos logrado retirar y gestionar de forma técnica más de 500 toneladas de e-waste en los últimos años, pero el verdadero impacto está en la transformación de hábitos, en las conversaciones que se abren, en la conciencia que se genera.

En términos de innovación, ¿cómo aprovecha Vertmonde la tecnología o nuevos métodos para optimizar la recolección y el reciclaje responsable?

Usamos herramientas digitales para gestionar la trazabilidad, generar reportes automáticos, mapear rutas y optimizar logística. Pero también innovamos en lo humano: en cómo comunicamos, en cómo activamos al cliente, en cómo vinculamos campañas con métricas, reciclaje con educación.

La innovación para nosotros no siempre está en lo técnico, sino en lo relacional, en lo social, en lo que permite que la tecnología llegue a donde tiene que llegar y genere el cambio que promete.

Finalmente, ¿cómo imaginas el futuro de Vertmonde y de la gestión ambiental en Ecuador? ¿Qué pasos crees que aún faltan para alcanzar una verdadera economía circular?

Imagino un futuro donde ya no tengamos que explicar qué es el e-waste, porque todos lo entienden y lo gestionan como se debe. Donde el reciclaje técnico sea la norma, no la excepción. Donde el Estado, la empresa y la ciudadanía compartan la responsabilidad de cuidar lo que usamos y de cerrar el ciclo con justicia y conciencia.

A Vertmonde lo veo creciendo no solo en volumen, sino en impacto. Con más aliados, más tecnología, más educación. Y siempre con la misma misión: demostrar que sí se puede hacer empresa con ética, sí se puede generar impacto desde lo técnico, sí se puede construir país desde la sostenibilidad.

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