Por Redacción OnData
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Resumen. Desde cenas en restaurantes emblemáticos hasta encuentros en lugares curiosos como gimnasios, saunas o karaokes, los negocios han dejado hace tiempo el formalismo de la oficina. Hoy, esa tendencia toma fuerza al humanizar los acuerdos y fomentar confianza. Este artículo explora ese fenómeno global, su origen y manifestaciones en distintas culturas, identificando escenarios insólitos que hoy marcan la pauta del networking moderno.
Comer para negociar: de la antigua Roma a la diplomacia europea
El vínculo entre la comida y los negocios no es nuevo. Ya en la antigua Roma, los convivia (banquetes con vino y largas sobremesas) funcionaban como espacios para pactar alianzas políticas y económicas, donde compartir mesa simbolizaba confianza y compromiso.
En la Europa del siglo XVII, las tables d’hôte y los cafés se convirtieron en puntos de encuentro para comerciantes y banqueros. En Londres, el Lloyd’s Coffee House, fundado en 1686, reunía a marinos y comerciantes que discutían pólizas de seguro marítimo, sentando las bases de lo que hoy es Lloyd’s of London, el mayor mercado de seguros del mundo. La comida y la bebida ofrecían un ambiente más relajado y propicio para los negocios que las rígidas oficinas o salones oficiales.
Durante el Congreso de Viena (1814-1815), la diplomacia también se articuló alrededor de la gastronomía. Charles-Maurice de Talleyrand, ministro francés, entendió que un menú cuidadosamente preparado por el chef Carême podía suavizar tensiones y generar acuerdos, convirtiendo la comida en una herramienta estratégica, tanto política como económica, para influir y negociar en un entorno relajado.
La era moderna: “Let’s do lunch”
En el siglo XX, sobre todo en Estados Unidos, el almuerzo de negocios se consolidó como práctica habitual. La expresión “Let’s do lunch” se volvió sinónimo de iniciar una negociación. En las décadas de 1960 y 70, la famosa “three-martini lunch” simbolizaba poder y creatividad en Wall Street y Madison Avenue: ejecutivos cerraban contratos entre cócteles, en un contexto donde lo social reforzaba lo profesional.
Globalización y nuevas formas de networking
A partir de los años 90, con la globalización y el auge del networking, los encuentros en restaurantes de lujo, clubes privados y hoteles de negocios se volvieron comunes. Hoy, la tendencia va más allá: los acuerdos migraron a espacios que promueven cercanía, como gimnasios, saunas, karaokes o incluso campos de golf. El objetivo es claro: romper la rigidez de la oficina y generar lazos más humanos.
Hollywood y la imagen del “business lunch”
El cine estadounidense jugó un papel clave en instalar la idea de que los grandes acuerdos se sellan fuera de la oficina. Desde Wall Street (1987), donde Gordon Gekko discute inversiones en lujosos restaurantes de Manhattan, hasta El Padrino (1972), donde las cenas son el escenario de pactos y traiciones, Hollywood reforzó la noción de que el poder se cocina alrededor de una mesa.
La televisión también ayudó a popularizar el “business lunch” como un ritual profesional. En Mad Men, los ejecutivos de publicidad rara vez cerraban tratos en la oficina: eligen bares o restaurantes, en medio de whisky y humo de cigarro. En Suits, la famosa serie de abogados, las reuniones en bares exclusivos o restaurantes son clave para mostrar poder e influencia. Estos relatos transmitieron al público global la idea de que los negocios se construyen en espacios sociales, no solo en escritorios.
Escenarios culturales y poco comunes para cerrar negocios
Almuerzos ejecutivos
Estados Unidos y América Latina: El “business lunch” es quizá el ritual más extendido. En EE.UU. se popularizó el concepto de “power lunch”, sobre todo en lugares como el Four Seasons de Nueva York, donde políticos y financieros sellaban acuerdos. En América Latina, países como Brasil, México y Argentina privilegian almuerzos largos para generar confianza personal antes de firmar un contrato.
Hoteles y restaurantes especializados: hoy existen menús “executive lunch” diseñados específicamente para ejecutivos con tiempo limitado, reforzando que la mesa es una extensión de la oficina.
Karaokes
Japón y Corea del Sur: En Japón, las negociaciones suelen culminar en izakayas (bares) y karaokes, donde el canto y el sake relajan las jerarquías laborales. En Corea del Sur, el hoesik (cena de empresa) casi siempre termina en karaoke con abundante soju, considerado una obligación social para reforzar vínculos profesionales.
Esta práctica no solo es cultural, sino empresarial: muchas compañías incluyen presupuestos para estas salidas como parte de sus gastos corporativos.
Golf
Estados Unidos y Reino Unido: El golf es casi un sinónimo de networking. Según la National Golf Foundation, más del 25 % de los ejecutivos estadounidenses afirma haber cerrado un contrato en un campo de golf. La actividad permite largas horas de conversación en un ambiente relajado, alejado de las presiones de la oficina.
Asia: en países como China y Corea, el golf también ha ganado terreno como espacio corporativo, especialmente entre altos ejecutivos de multinacionales, con el fin de globalizar esta práctica más común en Occidente.
Padel
América Latina: El pádel se ha convertido en uno de los deportes de mayor crecimiento en la región, especialmente en Argentina, México y Brasil, donde los clubes privados lo han adoptado como un espacio de networking empresarial. Para ejecutivos y emprendedores, los partidos permiten socializar, generar confianza y discutir acuerdos en un ambiente más dinámico y menos formal que una sala de juntas.
Ecuador: la práctica también empieza a ganar terreno en Quito y Guayaquil, donde clubes deportivos incluyen canchas de pádel como parte de su oferta para el segmento corporativo. Reuniones que antes ocurrían en restaurantes u oficinas, hoy encuentran en este deporte un espacio para combinar ejercicio, conversación y construcción de relaciones profesionales.
Karting
Latinoamérica: Aunque menos tradicional que el golf o el pádel, el karting ha sido incorporado por empresas como actividad de team building en países como Ecuador y México, donde se realizan torneos internos entre compañías y circuitos especializados ofrecen paquetes corporativos. La adrenalina y la competencia controlada fomentan trabajo en equipo y liderazgo.
Ecuador: según un reportaje de Primicias, el centro comercial Scala de Quito alberga una pista de karting que atrae a ejecutivos en busca de experiencias distintas. Allí, las empresas organizan carreras entre colegas, charlas motivacionales y actividades de integración, con planes que rondan los $ 30 por persona. El karting se ha consolidado como alternativa innovadora para combinar recreación y objetivos corporativos en un solo espacio.
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Saunas
Finlandia: El sauna es parte esencial de la cultura de negocios. Con más de 3 millones de saunas en el país, muchas empresas disponen de una propia dentro de sus oficinas. El expresidente finlandés Urho Kekkonen utilizó el sauna como un espacio para la diplomacia durante la Guerra Fría. Se dice que en este entorno relajado, sin jerarquías visibles, facilitó conversaciones clave con líderes soviéticos, como Nikita Khrushchev, abordando temas delicados como la integración de Finlandia en la Asociación Europea de Libre Comercio.
Expansión global: recientemente, startups en ciudades como San Francisco han organizado rondas de networking dentro de saunas, adaptando la costumbre finlandesa a un público internacional.
Gimnasios y wellness clubs
Estados Unidos y Europa: Cadenas como Equinox y proyectos híbridos como Life Time Work ofrecen gimnasios que funcionan también como espacios de coworking. Ejecutivos entrenan y, después de la sesión, tienen salas privadas para reunirse.
Hoteles con amenities: marcas como Westin y Village Hotels ya integran espacios wellness y salas de negocio en un mismo paquete, diseñados para que los huéspedes puedan entrenar y cerrar tratos sin salir del complejo.
Más allá de la tradición finlandesa, las saunas sociales y wellness clubs están redefiniendo el networking en ciudades como Londres y Nueva York. Estos espacios no son gimnasios ni spas; funcionan como un “tercer lugar” donde profesionales pueden relajarse, meditar, interactuar y generar contactos sin la rigidez de la oficina. La industria global de saunas proyecta crecer de $905 millones en 2024 a $1,3 mil millones en 2030, reflejando una tendencia creciente de combinar bienestar, comunidad y oportunidades de negocio.
Conclusión: de la oficina al ocio, la nueva lógica de los negocios
La historia demuestra que los negocios siempre han buscado escenarios donde la confianza florezca. Desde los convivia romanos hasta los banquetes diplomáticos, la mesa fue el espacio natural de negociación. Con el tiempo, la cultura pop reforzó la idea de que los acuerdos importantes se cierran entre copas o comidas, y hoy esa práctica se ha diversificado hacia escenarios cada vez más insólitos: karaokes en Asia, campos de golf en Estados Unidos, saunas en Finlandia o gimnasios de élite en Nueva York.
Más allá de la curiosidad cultural, esta tendencia responde a una lógica universal: las relaciones humanas pesan tanto como los contratos. Romper la rigidez de la oficina permite revelar la faceta personal de los socios, generar empatía y reducir tensiones. Al final, ya sea en un almuerzo, un karaoke o un sauna, lo esencial sigue siendo lo mismo: un espacio de confianza donde las palabras fluyen mejor y las oportunidades se consolidan.