Por Redacción OnData
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Conversamos con Pedro Vega, CEO de Productos Olé, sobre su trayectoria y el origen de la marca. Comparte las claves de su liderazgo, la importancia de innovar sin perder tradición, la diversificación del portafolio, el éxito del ají con maracuyá, la expansión internacional, el compromiso con la sostenibilidad y la visión que proyecta el futuro de Olé en nuevos mercados.
Pedro, cuéntanos un poco sobre tu trayectoria personal. ¿Cómo comenzó tu camino en el mundo del emprendimiento y qué te llevó a fundar Productos Olé?
Desde muy joven supe que necesitaba libertad y autonomía para construir mi propio camino. Esa semilla siempre estuvo allí, aunque nunca tuve un plan maestro para emprender. Más bien, la vida me puso una oportunidad enfrente: colaborar con una pequeña empresa de alimentos que estaba casi por cerrar.
Entré sin expectativas, pero con la intuición de que podía rescatarla y convertirla en algo con propósito. Y así nació Productos OLÉ. No fue un acto heroico ni una gran estrategia, fue simplemente seguir ese impulso de independencia y de crear algo propio, auténtico y conectado al origen. Con el tiempo descubrí que ese era realmente mi lugar.
¿De dónde nace el nombre Olé y qué significado tiene detrás de la identidad que hoy representa a la marca?
El nombre OLÉ nació de nuestra intención de crear una marca con esencia latina, pensada para exportación. Queríamos algo que transmitiera ese espíritu alegre, picoso y con personalidad que tenemos en Latinoamérica. Nuestra primera meta era exportar ají al mundo, y OLÉ capturaba ese carácter inmediato, fácil de recordar y lleno de vida.
Con el tiempo, OLÉ también se convirtió en la bandera de algo más: la mezcla creativa de sabores y una forma muy nuestra de innovar. Hoy el nombre representa esa identidad latina que se atreve a combinar ingredientes inesperados y a crear productos que sorprenden sin perder autenticidad.
Has construido una empresa sólida en un entorno económico desafiante. ¿Cuáles consideras que han sido las claves de tu liderazgo para sostener y hacer crecer el negocio?
En un entorno económico desafiante, para mí la clave ha sido encontrar el balance entre cuándo acelerar y cuándo ser más conservadores. Saber leer el momento y movernos con intención ha sido fundamental para no perder estabilidad mientras seguimos creciendo.
La otra gran palanca ha sido la innovación constante. En OLÉ no creemos en competir solo por precio; creemos en sorprender, mezclar sabores, hacer productos distintos y seguir empujando la categoría hacia adelante.
Y desde el liderazgo, diría que tres cosas han marcado la diferencia:
Dar sentido de dirección, lograr que el equipo vea y crea en una realidad distinta.
Liderar con autenticidad, mostrar quién eres y no jugar un personaje.
Ser coherente y consistente en el tiempo, porque la gente sigue a quien mantiene su palabra y acompaña con hechos.
Esa combinación nos ha permitido sostenernos y crecer incluso en momentos difíciles.
Emprender en Ecuador implica adaptarse constantemente. ¿Qué aprendizajes te ha dejado este proceso y cómo manejas los retos de dirigir una marca nacional en expansión?
Para mi muy pocas cosas son lineales, y este entorno me ha enseñado que no se puede construir una empresa sólida sin flexibilidad. Hay que ajustar rápido, leer el contexto y tomar decisiones aun con información imperfecta; esperar a tener todo claro es quedarse atrás.
Dirigir una marca nacional en expansión significa manejar esa tensión todos los días. Para mí, la única forma de hacerlo bien es mantener una obsesión por la calidad, la innovación y la eficiencia, y estar muy cerca del consumidor. Cuando el equipo entiende esa lógica y la vive, los retos dejan de sentirse como obstáculos y se convierten en parte natural del crecimiento.
En tu visión, ¿qué papel juega la innovación dentro del liderazgo empresarial? ¿Cómo logras equilibrar la tradición gastronómica con la necesidad de reinventarse?
Para mí, la innovación es casi una filosofía de vida. Es entender que siempre hay espacio para mejorar y que el foco no debería estar en perseguir lo que no funciona, sino en descubrir el siguiente producto que sí va a funcionar. Esa búsqueda constante mantiene a la empresa despierta y en movimiento.
En nuestro caso, equilibrar tradición gastronómica con reinvención es natural. Respetamos los sabores y el origen, pero no los tratamos como algo intocable. Probamos, mezclamos y lanzamos nuevas ideas sin miedo.
Creo que el Business Plan (en general) es el enemigo de la innovación. La innovacion nunca es certera, son hipotesis y no todas las hipotesis funcionan. Si la manera de evaluar que tan exitoso fue algo es medir cuanto se ajusto a un Plan de Nagocios al primer fracaso no vuelves a hacerlo. Una vez que algo empieza a funcionar recien alli puedes hacer un Plan de Negocios.
A lo largo de los años, Olé ha diversificado su portafolio. ¿Cómo nació esa estrategia y qué factores influyeron para decidir ampliar la línea de productos?
La diversificación de nuestro portafolio nació de una realidad simple: Ecuador es un país pequeño. Cuando el mercado no es tan grande, no puedes depender de pocos productos; necesitas ampliar la oferta para crecer y para mantenerte relevante.
Al principio no fue una estrategia formal, fue una respuesta natural al contexto. Escuchábamos al consumidor, entendíamos qué categorías tenían espacio y, sobre todo, aprovechábamos nuestra capacidad de innovar rápido. Así empezamos a sumar productos, no por moda, sino porque el país lo exige y porque teníamos la capacidad de hacerlo bien.
Con el tiempo, esa necesidad se convirtió en estrategia: un portafolio más amplio nos permite competir mejor, llegar a más ocasiones de consumo y construir una marca más sólida.
Uno de tus productos más emblemáticos es el ají con maracuyá. ¿Cómo surgió esta combinación tan ecuatoriana y qué impacto tuvo en el posicionamiento de la marca?
Lo curioso del ají con maracuyá es que, aunque hoy parece una combinación “típicamente ecuatoriana”, no existía antes de que decidiéramos mezclar ají con maracuyá. En ese momento teníamos una meta muy clara: conquistar mercados internacionales con algo auténtico y distinto.
Nos inspiramos en una tradición ecuatoriana: usar frutas tropicales como el tomate de árbol en las salsas. Pero queríamos darle un giro. Buscábamos una fruta igual de nuestra, pero más aromática, más exótica y, a la vez, familiar para el consumidor global. Y ahí apareció el maracuyá: tropical, andino, intenso.
El resultado fue tan bueno que no solo posicionó a OLÉ como una marca innovadora, sino que la mezcla terminó convirtiéndose en parte de la gastronomía ecuatoriana. Ese producto abrió puertas, nos dio identidad y nos mostró que la innovación podía nacer del propio origen, de alguna manera esa primera innovacion se convirtió en el producto que lleva nuestra esencia como marca.
Olé también se ha fortalecido en el exterior. ¿A qué mercados están exportando actualmente y qué retos han encontrado al llevar productos ecuatorianos a otros países?
Hoy estamos enfocados en Estados Unidos y Panamá, mercados donde encontramos los aliados correctos para crecer de manera seria. Exportar suena atractivo, pero abrir un mercado nuevo es mucho más complejo de lo que parece. A veces se piensa que, por ser mercados grandes, es más fácil entrar; pero la realidad es que no se crece por porcentaje de mercado, se crece ganando consumidores reales, uno a la vez.
Ese es el verdadero reto: lograr que personas que nunca han oído hablar de tu marca prueben el producto, lo entiendan y lo incorporen a su día a día. Competimos contra marcas enormes, con presupuestos gigantes, y aun así hemos logrado avanzar porque tenemos productos con sabor auténtico y socios estratégicos que creen en nosotros.
Ese trabajo paciente, casi de hormiga, es lo que está fortaleciendo a OLÉ en el exterior.
En temas de sostenibilidad, ¿cómo integran la responsabilidad ambiental en su operación? Sabemos que cuentan con paneles solares en su planta, y también trabajan con agricultores. ¿Cómo se refleja ese compromiso en su cadena de valor y en el bienestar de sus empleados y proveedores?
Para nosotros, la sostenibilidad no es una actividad o programa, es la forma en la que queremos operar. En la planta contamos con paneles solares que cubren el 100% de nuestra energía, pero nuestro compromiso va mucho más allá de eso.
Trabajamos directamente con pequeños agricultores y hemos construido relaciones de largo plazo que nos permiten obtener ingredientes frescos y, al mismo tiempo, generar estabilidad para quienes siembran. Uno de los proyectos que más nos representa es Del Campo al Campo, donde entregamos compost producido a partir de los residuos orgánicos generados en nuestra planta, cerrando así el ciclo de manera responsable y devolviendo valor a la tierra.
En toda la cadena buscamos reducir desperdicios, aprovechar subproductos y tomar decisiones que tengan sentido ambiental y humano. Internamente, ese compromiso también se refleja en dar trabajo digno, estabilidad y claridad de propósito. Con proveedores, buscamos relaciones de confianza y no transacciones de corto plazo.
Además de sus productos propios, Olé realiza maquila para otras marcas. ¿Qué oportunidades ofrece este modelo y cómo contribuye a la diversificación y sostenibilidad del negocio?
Si producimos productos con marcas de terceros tanto a nivel nacional como internacional. Esto nos ayude a subir volumenes, encontrar mejoras por economías de escala, diversificar riesgos y por ende darle más sostenibilidad al negocio
Finalmente, ¿cómo visualizas el futuro de Productos Olé? ¿Qué proyectos, mercados o innovaciones vienen en camino para seguir sorprendiendo a los consumidores?
Veo a Productos OLÉ con más impacto, más eficiencia y más innovación. Nuestro foco está en seguir construyendo una empresa que crezca de forma sostenible, que genere valor real y que sorprenda constantemente al consumidor.
Creo profundamente que nuestros productos estrella de aquí a 10 años aún no existen. Ese es el motor: seguir creando, mezclando, experimentando y encontrando esos productos que hoy no imaginamos pero que mañana serán parte de la mesa de millones de personas.
En mercados, seguiremos fortaleciendo Estados Unidos, abriendo oportunidades en otros países y consolidándonos en Ecuador con una operación cada vez más eficiente. Y en innovación, vamos a seguir apostando por lo que nos define: sabores auténticos, mezclas inesperadas y productos que conecten con la gente.