Por Redacción OnData
Tiempo de lectura: 3 minutos.
Fuente: Monitor de Competitividad (IMCO).
La tabla se construye a partir de la tasa de participación laboral femenina, entendida como el porcentaje de mujeres de 15 años o más que tienen un empleo o están buscando activamente uno dentro de la economía. Los datos fueron elaborados por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) utilizando información del Banco Mundial correspondiente a 2024 o al último dato disponible para un total de 184 países, lo que permite comparaciones internacionales homogéneas bajo una misma metodología estadística. El indicador mide el nivel de integración económica femenina y refleja tanto condiciones del mercado laboral como factores sociales, educativos y culturales que influyen en la inserción laboral.
El análisis del ranking muestra que Bolivia (72,5%), Perú (65,2%), Haití (60%), Paraguay (59,1%), Uruguay (57,3%) y Brasil (53%) concentran los niveles más altos de participación femenina dentro del grupo analizado. En estos países, la elevada inserción laboral de las mujeres suele estar vinculada a dinámicas económicas donde el trabajo independiente, el comercio informal y los emprendimientos familiares tienen un peso relevante. Esto implica que una mayor participación no necesariamente se asocia con empleos formales o mejores salarios, sino con una mayor necesidad económica de incorporarse al mercado laboral, especialmente en economías con menor cobertura de protección social o ingresos familiares más inestables.
A partir de República Dominicana y Argentina (52,9%), seguidos por Panamá, Ecuador, Chile, Colombia, Nicaragua y hasta México (47,4%), se observa un bloque intermedio donde la participación femenina se mantiene relativamente estable alrededor del 50%. En este grupo, Ecuador (52,4%) destaca por ubicarse ligeramente por encima del promedio regional, evidenciando una incorporación sostenida de mujeres al mercado laboral, aunque aún lejos de los niveles de los países líderes. La posición ecuatoriana refleja avances en acceso al empleo femenino, pero también revela desafíos persistentes relacionados con informalidad, brechas salariales y la carga del trabajo de cuidados, factores que continúan condicionando la participación económica plena de las mujeres en el país.