Por Redacción OnData
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En el episodio #161 de OnData Talks, nos adentramos en una historia que combina sazón, resiliencia y estrategia digital: la de Julio Chang, más conocido como Rukito. Su caso va más allá de la cocina, es una clase magistral de cómo emprender con autenticidad, convertir una marca personal en un negocio escalable y responder a los desafíos mediáticos con transparencia.
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Origen y propuesta diferencial: sabor a historia
Julio Chang descubrió su pasión por la cocina a los cinco años, cuando preparó su primer arroz blanco con huevo frito. Su madre, a quien honra constantemente, le transmitió una lección que hoy sigue siendo el motor de su negocio: “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Desde entonces, supo que su camino estaría ligado a la comida y al servicio.
Aunque estudió Marketing y Negociación Comercial, su vocación emprendedora lo llevó a dejar la universidad para enfocarse en su negocio. Desde adolescente vendía comida en la calle, alfajores, jugos, tortas, dietas a domicilio y hasta fue entrenador de boxeo. No era una necesidad económica, sino una necesidad creativa.
Así nació Rukito, primero como un concepto de hamburguesas que rápidamente evolucionó hacia algo más cercano y auténtico: platos con sabor a hogar, inspirados en el moro de su madre originaria de Vinces. Con apenas $1.200, $500 prestados por su esposa, $700 ahorrados por él y tarjetas de crédito de sus hermanas, montó el negocio en el garaje de su abuela en La Alborada, Guayaquil, en 2019.
La propuesta de valor era clara: comida sabrosa, estandarizada desde el día uno (con tapas si no había balanza), y con una operación que priorizara calidad e higiene. Hoy cuenta con una planta de producción que le permite garantizar sabor, temperatura, presentación y trazabilidad en todos sus locales. Incluso utiliza técnicas como el empacado al vacío para preservar sabor y frescura.
Una marca con cara, historia y corazón
Rukito no es solo una cadena de comida, es una marca con cultura. Y eso se debe, en gran parte, a su creador. Julio ha entendido que mostrar el “detrás de cámaras” genera cercanía con la audiencia. Él no es un CEO invisible; es la cara de la marca, el que responde mensajes, aparece en videos, cocina y comenta los buenos y malos momentos sin filtros.
Su historia, desde el garaje, pasando por ventas callejeras, hasta la planta actual, resuena con una audiencia que valora lo genuino. Rukito no oculta su origen: lo celebra. Incluso el nombre, que nació como un apodo escolar (por sus ojos “ruquitos” de dormido) a raíz de bullying, fue apropiado con humor y transformado en identidad.
Su logotipo, diseñado por su hermana a partir de una imagen de Google y que admite “está mal hecho”, sigue vigente y está registrado. Es imperfecto, pero real. Esa imperfección también es parte de la narrativa que hace de Rukito una marca accesible, humana y memorable.
Crecimiento, retos y visión a futuro
La marca ha crecido rápido, pero no sin enfrentar obstáculos. Ha vivido intentos de robo, exposiciones mediáticas y comentarios negativos en redes sociales. Lo notable es cómo Julio ha capitalizado esos momentos para conectar más con su comunidad. Responde al hate, lo transforma en lecciones. Mientras que a sus fans, los premia, agradece y les da exposición, como en el caso de Dog Rukito, a quien le regaló comida, premios y se volvió viral.
@juliochangm Eso se va para rukito dog apoyen con la info por donde mando a machala
♬ sonido original - Julio Chang
Este manejo hábil de las redes sociales, sumado a promociones estratégicas y una conexión emocional con su audiencia, han convertido a Rukito en una marca sólida que va más allá de la comida. Hoy, Julio está expandiendo su propuesta a nuevos frentes: posibles nuevos locales en Quito y hasta una posible línea de ropa.
Pero los desafíos persisten. Los principales: mantener el estándar de calidad a medida que crece, sostener la coherencia con su modelo de negocio y gestionar adecuadamente la creciente exposición pública. En un mundo donde los errores se hacen virales, la autenticidad es clave, pero también lo es la preparación.
Conclusión
Rukito no es una historia de éxito tradicional: es una historia de humanidad convertida en negocio. De alguien que convirtió la cocina de su madre en una empresa, el bullying en branding y el garaje en punto de partida.
Su recorrido nos recuerda que no se necesita perfección para emprender, sino propósito, autenticidad y resiliencia. Julio Chang no solo sirve comida; sirve una lección constante de cómo construir una marca con sentido, que conecta, emociona y evoluciona.
En tiempos donde la conexión humana es un activo escaso, Rukito demuestra que ponerle rostro, alma y verdad a un negocio puede ser más potente que cualquier inversión millonaria.