Por Redacción OnData
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Resumen. En un rincón nuevo de Quicentro Shopping, los aromas a canela, vainilla y masa recién horneada despiertan memorias. No es una ilusión ni un viaje al pasado. Es el renacimiento de una de las tradiciones más queridas de Vaco y Vaca: los churros. La marca, ícono de la gastronomía ecuatoriana, acaba de inaugurar en julio de 2025 un concepto fresco, visual y altamente sensorial: La Churrería de Vaco y Vaca. Conversamos con David Naranjo, Gerente General de Vaco y Vaco sobre esta innovadora propuesta.
Conversamos con David Naranjo, gerente general de Vaco y Vaca, para entender cómo este relanzamiento busca conectar con las emociones de los consumidores. El proyecto nace con un propósito claro: rescatar uno de los productos más emblemáticos de la historia de la marca, y reinventarlo con una propuesta contemporánea y versátil. “En Vaco y Vaca siempre hemos creído en el poder de los recuerdos”, dice David. “Y pocos productos han dejado una huella tan fuerte como los churros que servíamos hace más de 20 años en nuestra cafetería de El Bosque”.
Un dulce homenaje con sabor italiano
Pero esta nueva versión de La Churrería no es un simple revival. Se trata de un “Sweet Corner” moderno, en el que los churros se reinterpretan con creatividad en distintas formas, tamaños y combinaciones. La gran estrella del menú: el gelato artesanal, elaborado con materias primas 100% italianas. “No es cualquier helado”, enfatiza Naranjo. “Estamos ofreciendo una experiencia auténtica, con la cremosidad y calidad del verdadero gelato italiano”.
La mezcla de texturas: el crocante del churro y la suavidad del gelato, marca el diferencial. La propuesta ha sido diseñada para cautivar no solo al paladar, sino también a la vista. Cada producto es visualmente atractivo, pensado para quienes buscan algo más que un postre: una experiencia para compartir.
Más que un postre: una propuesta para todo el día
Uno de los objetivos de La Churrería es transformar la experiencia tradicional de los patios de comida, donde la mayor afluencia suele concentrarse al mediodía. Vaco y Vaca busca romper ese patrón con una carta pensada para distintos momentos del día: desde un desayuno completo, hasta una merienda ligera o un antojo nocturno.
Además de los churros y el gelato, el menú incluye:
Pastelería fresca elaborada diariamente
Opciones de sanduchería para un snack salado
Desayunos completos
Bebidas especiales que van desde lattes saborizados y matchas, hasta una innovadora líneade bebidas de té con menos de 5 calorías, en sabores como maracuyá, mandarina, frutos rojos y limón
Una experiencia sensorial completa
Uno de los elementos clave de este nuevo concepto es la experiencia en vivo. En el punto de venta, los clientes pueden ver cómo se elaboran los churros frente a sus ojos, sentir los aromas dulces que llenan el ambiente y dejarse cautivar por el montaje cuidadosamente diseñado de cada plato. La barra de bebidas creativas y el diseño visual del local completan un ambiente que busca sorprender en cada visita.
“La Churrería es una mezcla de nostalgia, innovación y experiencia”, resume Naranjo. “Es un homenaje a nuestras raíces, pero con una visión moderna. Queremos invitar a las personas a disfrutar, a compartir, y a reconectarse con un producto que muchos recuerdan con cariño, pero que ahora vuelve mejor que nunca”.
Un paso más en la evolución de la marca
Este lanzamiento no es casual. Forma parte de una estrategia más amplia de Vaco y Vaca por diversificar su portafolio, acercarse a nuevos públicos y fortalecer su identidad como marca cercana, creativa y en constante evolución. La Churrería es también una apuesta por el formato de experiencias rápidas pero memorables, ideal para centros comerciales y food courts.
Con esta propuesta, la marca demuestra que mirar al pasado puede ser también una forma de innovar. Y que, a veces, el sabor de un recuerdo puede ser el mejor ingrediente para construir el futuro.
“Esta es nuestra manera de innovar desde lo simple, de reconectar con lo que nos hizo únicos, y de invitar a las personas a compartir, no sólo un postre, sino un momento”, concluye David Naranjo.